Aislados del mundo, los niños toledanos penetraron ayer en un círculo mágico a veinte metros a la redonda de «El Árbol de los Deseos», ese que han plantado en medio de la mítica plaza de Zocodover y de cuyas ramas cuelgan las ilusiones infantiles, azules, verdes, verdes y azules; las únicas que permanecen incontaminadas aún del virus de la vida. Porque en el...
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