Sólo una mente tan compleja como la que habita bajo el curioso peinado de Anasagasti podría haber anticipado, al tuntún naturalmente, que a Joaquín Almunia le iba a costar un serio problema en Bruselas y en Bilbao el ser socio del Athletic Club. Allá por el mes de julio, cuando el comisario de Competencia dejaba tirado al sector naval español (y por ello al vasco)...
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