Se fue entre los aplausos de sus fieles, como un jugador expulsado por una falta de roja directa y que, camino del vestuario, mientras su víctima se retuerce en la hierba, disfruta de la ovación cerrada de una afición que, a lo suyo y con los suyos, a muerte, sabe anteponer la pasión al reglamento. Delincuente del sector de la malversación y la prevaricación,...
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