Después de casi cuarenta años de caudillo, lo menos que se merecía España era un líder, que es una categoría quizás inferior en la escala de mando, pero que por entonces resultaba muy llevadera y, dadas las circunstancias transicionales, liberadora. Ahí estaba Felipe González, al quite, en los medios, para encarnar y popularizar una forma de llevar los asuntos...
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