SIN ningún género de duda, el rasgo más peculiar del derecho a decidir es que no existe. Pues ocurre que en lugar alguno del planeta Tierra se contempla en las leyes escritas la posibilidad teórica de ejercer semejante extravagancia volitiva. Y ninguno significa ninguno. Tampoco en Canadá, por cierto, pese a lo que se les ha hecho creer a las víctimas de TV3....
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