LEONARD Zelig ha sido el gran maestro del siglo XX en ese raro arte de arrimarse a la foto y, con esa traza intrascendente que le prestó Woody Allen, fue capaz de salir con Scott Fitzgerald, con el Papa, con el equipo de los Yankees y hasta ser el primo negro de Duke Ellington con el tizne de un corcho quemado. Ha habido otros grandes «arrimadores», claro, como...
Suscribete para leer la noticia completa:

