Rostros mojados de bronce y azabache, ojos dilatados, miedo en el cuerpo, y sin embargo un brote de pobre, frágil esperanza, porque la vida continúa y aunque se abra una incertidumbre nueva no se apaga la llama del deseo, ese deseo de vida verdadera que es la entraña de cada corazón humano.
Hace unos meses el Papa Francisco quiso celebrar la Misa sobre un altar...
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