Fíjense en las caras de esta gente. Y en su pelo, el color de su piel y su mirada. Muchos de ellos son exactamente igual que usted. O que yo. Son mediterráneos. No huyen de los Grandes Lagos ni de Malí. Salen pitando, humillados, como si no tuvieran capacidad de sonreír, de lo que empezó como una primavera y está siendo una vergüenza.
La llegada de cayucos y pateras...
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