Fue austero, como manda la crisis, pero no faltaron los colores de la bandera nacional, pintados en el cielo y a borbotones por la patrulla acrobática Águila. Fue solemne y reglado, como obliga la ocasión, pero abierto a la novedad, como exigía la presencia del Príncipe de Asturias en el lugar que históricamente ha ocupado su padre. Solo Doña Letizia acompañó...
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