En el Gobierno de Canarias son unos auténticos cracks, unos habilidosos de la estrategia comunicativa y unos virtuosos del marketing. No hay acción que emprendan que no acabe drapeada por el estigma de la chapuza, de la mala praxis y del desastre más absoluto, tal y como ha acontecido con la campaña «Vuelve a brillar», una, en teoría, excelente campaña de promoción...
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