DESDE que el Parlamento de Canarias, con más oropel y fanfarria de cara a la galería que ganas o interés de cumplir y hacer cumplir sus propias leyes, aprobó la Ley 7/1995 de Ordenación del Turismo, no ha habido año ni promoción que no se haya visto envuelta en polémicas más o menos virulentas. No diré que es un escándalo, porque la palabra se ha depreciado por...
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