QUE las televisiones públicas, gobierne el partido o la partida que sea, son un instrumento de manipulación política es una evidencia de tal calibre que sólo un político se atreve a negarlo. Tan útiles le son a esta casta que prefieren cerrar quirófanos a dejar de despilfarrar en ese juguete, más propio de lo que creíamos periclitadas dictaduras y fascismos,...
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