A las cuatro de la madrugada de ayer, las sirenas sonaron en Giglio. También las campanas doblaron en la pequeña isla italiana. «Siento alivio y estoy orgulloso de mi equipo», se limitó a decir el ingeniero surafricano Nick Sloane tras completar una operación que, desde la mañana del pasado lunes, le obligó a permanecer diecinueve horas seguidas en la sala de...
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