«El Papa se sentirá seguro y como en casa», había asegurado el alcalde de Río de Janeiro ante el temor a que durante la JMJ se reprodujeran los tumultos del mes pasado, pero no fueron las protestas, sino el caos, derivado del fervor de los fieles y la imprevisión policial, la primera expresión de la más que mejorable organización de un viaje que ayer, nada más...
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