Solo las casas siguen en pie. El resto se desmoronó como un castillo de naipes, errores e insidias. El presunto patrimonio inmobiliario de la Infanta Cristina, desplegado a lo largo y ancho de España, nunca existió. Quedan las fotos de unos inmuebles, escasamente palaciegos, cuyos verdaderos propietarios no salían ayer de su asombro y, sobre todo, el bochorno...
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