CiU, cuando llegó al poder a primeros de los 80, vio la Fiesta como algo franquista y para turistas. No le importó nada más, y como en su Cataluña feliz no cabían las corridas de toros impuso un cerco que poco a poco fue ahogando al espectáculo, aunque al final, por aquello de las manos limpias, dejó que otros firmaran y rubricaran su prohibición.
¡Ay! Las manos...
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