Como de santa Bárbara bendita, solo nos acordamos de David Ferrer cuando truena, cuando Rafa Nadal, fuera de pista y plano, se lame las heridas y las rodillas después de una actividad, en su caso actitud, que no ha dudado en transformar en ejercicio de autolesión. Ha sido David Ferrer quien durante la convalecencia de Nadal ha dejado de calentar el banquillo...
Suscribete para leer la noticia completa:

