Exaltación colectiva. La marabunta enloquecida por el entusiasmo de ver a una figura por la Puerta Grande. La desolación de una victorinada sin alma tendió un vía crucis de estaciones eternas. El 18 de mayo, Alejandro Talavante había abandonado Las Ventas con el vacío de una herida que sólo podía sanar la comunión con el toro. El diestro de Extremadura se sacudió...
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