La final de la Liga de Campeones, disputada anoche por el Bayern de Múnich y el Borussia Dortmund en Wembley, hizo de Londres una sucursal —coloreada por los uniformes de las dos hinchadas— del fútbol alemán. Hubo roces, y también violencia, entre las dos aficiones, separadas en sus respectivas zonas de esparcimiento, recreo y trasiego de cerveza, pero unidas...
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