Empujó más el público que el propio viento, elemento que complicó la tarde en que Talavante retó a la ganadería más respetada y temida del campo español, a unos victorinos que, lejos de sus usos y maneras, ayer vulgares y sin casta, defraudaron. De menos a más, hasta un tercero al que logró sacar buenas series de naturales y con el que rozó los trofeos, administró...
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