No fue el periodismo quien me colocó delante de Cristina Cifuentes, razón de más para prescindir de cualquier atisbo de objetividad en el análisis de la delegada del Gobierno en Madrid, política de indudable trapío y —sobre todo— madre de un chaval al que me metieron en casa por imperativo sentimental. Le llegué a apreciar sinceramente, aunque guardando distancias:...
Suscribete para leer la noticia completa:

