Hasta que el entorno etarra decidió utilizarlos como material propagandístico, lo más próximo a los ángeles que había a mano eran los niños, tradicionalmente utilizados en actos públicos como portadores de una inocencia más o menos verosímil y ajena al mundo de los adultos. Sin malear, los niños venían cumpliendo los estándares de candor necesarios para sacar...
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