Para muchos, la imputación de la hija del Rey es un bálsamo redentor para una sociedad que clama justicia; el cebo para mantener en orden las aceras. A falta de pan -proclaman- buenas sean las tortas a la Infanta. Y ahí está: pendiente de hacer el paseíllo y bajar por la cuesta que conduce a los Juzgados de Palma, símbolo de esta democracia pedestre que demanda...
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