La contraposición que los agudos observadores vaticanos han levantado, como si fuera un muro, entre la austeridad del Papa Francisco y sus antecesores en la silla de Pedro rozó ayer el paroxismo del absurdo: «El Papa ha renunciado al lujo del apartamento pontificio», sentencian. Y para apoyar el titular hablan de los «imponentes salones con suelos de mármol profusamente...
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