CON la detención de Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, Nicolás Maduro ha franqueado una línea que lo separa claramente de los gobernantes democráticos civilizados. No se trata de una simple arbitrariedad, sino de un atropello de un calibre desconocido fuera de las dictaduras de corte estalinista. El Ministerio Público –es decir, el propio Maduro–...
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