Como si hubiera perdido repentinamente la memoria de lo que sucedió bajo sus gobiernos, Felipe González salió ayer de ver al Papa con la perplejidad de quien descubre algo por primera vez. De alguien con su currículum se esperan reflexiones con algo más de profundidad que la demostrada ayer. O, al menos, que no caiga en la impostura de aparentar que nunca había...
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