La frase parece inofensiva, pero revela la pasividad de un BCE cuyo presidente sonríe mientras confía en que la crisis financiera se resuelva por sí sola y sin adoptar medidas. Los efectos fueron inmediatos: las primas de riesgo de España e Italia volvieron a dispararse en una jornada negra para la confianza de los inversores y, también, para la esperanza de...
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