Ninguna oración es estéril y, aunque a veces Dios se hace esperar, no deja de escuchar las súplicas de los que sufren
Cuando el ciego Bartimeo grita con fuerza para que el Señor le escuche y se apiade de su enfermedad, muchos le regañan para que deje de gritar, aunque él no hace caso y sigue insistiendo hasta que consigue detener a Jesús. Así ocurre también en...
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