Un hombre con la piel ajustada a sus huesos yace sobre cartones en la zona peatonal de la calle Alonso del Barco, una de las más degradadas del barrio de las cundas, Embajadores. Dicen los vecinos que duerme los efectos de la heroína inhalada, dando la espalda al mundo, pegado a una pared. Es un habitual. A tres metros de él, un subsahariano «sin techo» permanece...
Suscribete para leer la noticia completa:

