Parla vive al día. Se acuesta sin saber si los trabajadores de los servicios públicos de limpieza, recogida de basuras o sus funcionarios municipales irán a trabajar a la mañana siguiente o declararán una nueva huelga. El municipio sureño está al límite. Sobrevive porque en sus arcas pesa el lastre de quince años de una «pésima gestión socialista». Así lo define...
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