María está feliz. Los vasos ya no se le caen de las manos: «Además, hago vida social normal». Para Antolina, «es una ventanita abierta, y hay que aprovecharla». Ambas son enfermas de párkinson. A las dos les han implantado electrodos en el cerebro, una técnica pionera que logra reducir los temblores, la rigidez y la lentitud de movimientos, síntomas inequívocos...
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