Se hacía pasar por un chico menor de edad atractivo, tal y como figuraba su perfil en una red social. Así se ganaba la confianza de sus víctimas, de entre 12 y 15 años, de las que conseguía incluso sus teléfonos y sus fotos.
Después de que estas les contaran algunos secretos que ellas consideraban «inconfesables» (un beso, un novio, un suspenso...), el delincuente...
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