Alemania es un país poco amante a las huelgas. No en vano, su Constitución establece como ilegales aquellas huelgas o aquellos paros que persigan objetivos políticos, y no objetivos puramente laborales como aumentos salariales o mejoras de las condiciones de trabajo. Además, la Alemania de posguerra no conoce huelga general alguna.
La capital de Baviera, Múnich,...
Suscribete para leer la noticia completa:

