David Cameron, de 48 años, clausuró ayer el congreso conservador en Manchester y quiso demostrar que no es un «pato cojo», un mandatario de salida que ya escucha el ruido de sables sucesorio de Osborne, Boris y Theresa May. Cómodo, casi eufórico tras su inesperada victoria de mayo, optó por un discurso de rotundo poso ideológico. Recuperó la etiqueta de conservador...
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