Un realista refrán labriego dice que «donde no hay mata, no hay patata». Y en el derrotado líder laborista, Ed Miliband, no había mata de estadista para dirigir el Reino Unido. Durante la campaña había subido su valoración, antaño abisal, merced a un discurso un poco más centrado, clases de elocuencia pagadas a un gurú a más de diez mil euros al día y una férrea...
Suscribete para leer la noticia completa:

