Era domingo al mediodía en la parroquia de San Juan, emplazada en el llamado «Vaticano de Pakistán», el barrio Youhanabad de Lahore. Los guardias de la garita seguían absortos en un partido de criquet cuando el terrorista suicida se dispuso a entrar en la iglesia, abarrotada por centenares de fieles. Un joven parroquiano, Kash Basir, lo intuyó y le frenó cerca...
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