Incapaz de contener su indignación, el Papa dio ayer rienda suelta a sus sentimientos: «Sólo se me ocurre la palabra vergüenza. ¡Es una vergüenza!». Estaba de pie, dirigiendo un discurso a los participantes en un congreso sobre el 50 aniversario de la encíclica «Pacem in terris». Había añadido un párrafo sobre la tragedia de Lampedusa, pero cuando lo estaba leyendo...
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