Han trabajado muy duramente, han pasado las de Caín. Pero en su gran mayoría se han integrado y se sienten orgullosos de su patria de adopción
El raspado del plástico contra la acera y el entrechocar de los cristales atrona Wielandstrasse. David, de 23 años, responde a mis preguntas con el rostro sudoroso y sin dejar de apilar cajas de botellines de Estrella de...
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