Es inimaginable una república belga, porque sin la Corona la ruptura sería inevitable
Bélgica nos ofrece hoy un ejemplo paradigmático de las virtudes de la institución monárquica: cambia el titular de la Corona, pero no hay un giro radical en la armadura del Estado. Quien viene no quiere cambios absolutos sino laborar sobre la herencia de sus mayores. Quiere continuidad...
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