La frenética agenda del G-8 sentó ayer a las nueve de la noche (hora peninsular) a cenar a Barack Obama, Vladimir Putin, David Cameron, Angela Merkel y sus homólogos de Francia, Italia, Japón, Canadá y la UE. El menú, frugal. Cameron se ha propuesto pasar una factura al contribuyente inferior a los doce millones que gastó Blair en 2005 en la cumbre de Gleneagles...
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