«Por favor, ayúdame». Una voz surgía de entre las ruinas del edificio, tras 17 días desde que este se derrumbara en Bangladesh y 12 después de que los equipos de rescate perdiesen la esperanza de encontrar supervivientes. Una mano que emergía confirmaba lo imposible. Una mujer se encontraba con vida bajo los escombros. «Todavía estoy aquí», murmuró. Corrieron...
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