«Aparte las guerras púnicas, se me ha atribuido de todo», le gustaba decir sobre sí mismo Giulio Andreotti. Acertaba plenamente, porque nadie como él ha sido la imagen misma del poder, con diversas caras, porque fue un hombre con una vida extraordinariamente sencilla, pero al mismo tiempo símbolo del poder oscuro y de los secretos de Estado. Astuto como ningún...
Suscribete para leer la noticia completa:

