Quien no llora, no consigue una película. El municipio de Madrigalejo puso el grito en el cielo por haberse quedado relegado en el inmenso fundido en negro que se produjo entre el final de «Isabel» y el principio de «Carlos, Rey Emperador». Sus «plegarias», nada privadas, han sido atendidas. En la localidad cacereña consideraban inadmisible que Televisión Española...
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