Rose Hartman llega tarde a la cita en Sant Ambroeus, un italiano con pinta de bistró francés en el corazón del West Village. Recibe cariños y saludos familiares de la recepcionista, de la camarera y del gerente del restaurante, que utiliza como su propia oficina. «Sorry, darling», dice sin muchas ganas de pedir perdón con un acento neoyorquino fuerte, que cada...
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