En la recta final de la campaña electoral toca despegarse del atril, echarse a la calle y sacar a relucir el lado más humano. Ése en el que no importan tanto las cifras, ni las bondades de un partido, pero sí las lágrimas de unos padres emocionados al oír hablar a su hija o la sonrisa de unos niños mientras su abuela los columpia en el parque. Los familiares...
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