Corría el año 1989. Luis García Cereceda, un empresario hecho a sí mismo, deambulaba por unos terrenos densamente arbolados en Pozuelo de Alarcón, al noroeste de Madrid. Sabía que de aquel trozo de suelo, equivalente a 400 campos de fútbol, podría florecer el megaproyecto inmobiliario que siempre había anhelado. No se confundió. Tras aprobarse el permiso de urbanización,...
Suscribete para leer la noticia completa:

