Cierro los ojos y pienso. ¿De qué escribo? Me han arrancado el sentido del humor de cuajo y no soy capaz siquiera de pensar en algo divertido. Una y otra vez la misma imagen resurge en mi interior. No lo puedo evitar. La del terrorista pegando un tiro al policía que yace en el suelo. Parece que pide ayuda. Pero lo que recibe es la muerte. Con un solo y certero...
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