Para T .S. Eliot era menos difícil bautizar a niños que gatos, acaso porque nombrar mininos es un acto poético, mientras que ante un vástago los padres se convierten en poetas de la experiencia... Pero, como en toda creación, se corre el peligro de que la obra de arte de tres kilitos sea argumento viviente del ripio parental de por vida. Así, hay padres anarquistas...
Suscribete para leer la noticia completa:

