Pisé un caracol y algo me crujió por dentro. Ayer corría sin rumbo fijo pensando en la final de Lisboa. Podría haber ido al partido, pero un extraño presentimiento me hizo rechazar la invitación. «No voy, que seguro que pierden», pensé. Todo español ha sentido alguna vez que es gafe. El mío me atacó en aquella final de Copa que celebró el Bernabeu en el día del...
Suscribete para leer la noticia completa:

