Fofa, foca, fanegas, rolliza, morsa, oronda, botijo, vaca-burra, tonel, fati... La creatividad infantil para el insulto es infinita. Solo quien se ha sentido más fea que una nevera por detrás a causa de la grasa puberta puede entenderlo, «porque La niña gorda c’est moi», sentencia Mercedes Abad refiriéndose al «cuentario» publicado en Páginas de Espuma donde...
Suscribete para leer la noticia completa:

